A veces no logro comprender cómo puede complicarse tanto el amar. Entiendo cuando crees amar a alguien que no te corresponde. Entiendo cuando amas a alguien que murió. Entiendo cuando amas a alguien que debe ir otra parte del mundo por más tiempo del que el amor podría durar y ambos deben dejar ir...
Pero si ambos estamos aquí, si ambos queremos estarlo. Si este sentimiento es recíproco. Si ambos nos esforzamos. ¿Cómo? ¿Cómo puede complicarse a tal grado? No se supone que duela.
¿Me estoy aferrando? ¿Estoy siendo necia? A veces temo estar confundiéndome con la perseverancia.
Yo siempre quise contártelo todo. Pero si hablo, peleamos. Si callo, me siento sola contra los problemas, pero no peleamos. Y no se supone que alguien luche solo en una relación. Tampoco se supone que alguien deba defenderse también de quien debería defenderte aunque no necesites que te defiendan.
Tampoco me gustan nuestras peleas porque llega un momento en que tus palabras no solo me hieren por lo que dicen de mí, sino por lo que dicen de ti. Una parte de mí se siente decepcionada, algo que no debería ser, pues no es tu deber agradarme todo el tiempo. Es solo que perder de a poco la admiración que te tenía también es doloroso. Las personas le preguntan a sus parejas mientras pelean por qué han cambiado tanto, y en realidad las preguntas son: ¿qué he hecho para que cambiaras de esta forma? ¿en qué forma habré cambiado yo?
¿Nos hacemos bien o nos hacemos daño? Es invitación. Es pregunta.
Hoy también te amo.